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El miedo a la libertad

Algo muy extendido, esa necesidad de huir, de desconectar, de evadirnos de nuestra vida, de sentirnos libres, antes de volver a caer en la rutina de lo que arrastramos, sintiéndonos impotentes al retorno y culpables, de vivir como lo hacemos, con miedo a la libertad.

El síndrome del retorno al trabajo después de las vacaciones, lo depresión post vacacional, es algo totalmente normal. ¿Cómo no te vas a deprimir si retomas otra vez aquello que te esclaviza? ¿Alguien recuerda la vuelta al cole con sentimientos agradables?

La sociedad no tiene unos ritmos de funcionamiento naturales, se nos adoctrina desde pequeños a tener un tipo de vida que se ajuste a lo que el sistema demanda de nosotros, pero no a ser fieles a lo que nuestro interior nos pide que seamos. Así, ya desde bien pequeños, empezamos a tener unos ritmos que no son los que biológicamente tendríamos que tener, nos ajustamos a horarios para levantarnos, mantenernos durante horas en posiciones corporales que quizás no son las que sentimos que tenemos que hacer. ¿Qué ocurre entonces, si constantemente estamos haciendo algo contradictorio a nuestra naturaleza? Que el desgaste de energía es mayor, y terminamos desconectándonos de lo que somos, nos volvemos autómatas de carne y hueso.

El problema estriba en que adquirimos unos hábitos programados desde nuestro nacimiento, somos humanos domesticados, encerrados en jaulas mentales, y por lo tanto, salirnos de esas rutinas puede generarnos pánico, ya que, no estamos acostumbrados a la libertad real.

El gato doméstico

Al igual que el gato doméstico, ser que tildamos de ser muy independiente, y que en realidad no lo es, pues, el gato puede marcharse de casa o hacer lo que quiera, pero siempre volverá para alimentarse, para retomar la rutina, el gato doméstico, desprovisto de nosotros como cuidadores, y expuesto a la vida real, terminaría muriendo, pues no ha desarrollado sus herramientas para cazar y desenvolverse por sí mismo. Al igual que nosotros, ha sido adoctrinado a vivir de una forma contraría a su verdadera naturaleza, y aunque sus impulsos naturales aparecen, siempre va a sentir la necesidad de volver, ya que se ha desprovisto de la responsabilidad de desarrollarse y vivir a su manera desde sus propios recursos.

El humano domesticado

A nosotros como raza nos pasa lo mismo, hemos dejado de lado nuestro instinto de supervivencia, el desarrollo de nuestros centros de gestión, hemos cedido nuestra mente a una manipulación, en vez de configurar nuestro cuerpo con actividades naturales, lo forzamos en entornos artificiales, la creatividad la hemos cortado y la sexualidad la tenemos condicionada por las modas de la sociedad, cada parte de nosotros se ha visto doblegado, y hemos cedido nuestra responsabilidad sobre la toma de decisiones en la vida a figuras paternalistas, en este caso, el papá estado, los bancos, el jefe del trabajo, son nuestros cuidadores, de vez en cuando podemos irnos de casa, viajar, marcharnos por un tiempo limitado, pero tarde o temprano, tendremos que volver a demandar alimento, a claudicar.

Así vivimos, en un modelo de vida cada vez más cercano a la obra de 1984 de Orwell y Un Mundo Feliz de Aldous Huxley.

Una ilusión de falsa libertad, con barrotes invisibles, donde empleamos nuestro tiempo para alimentar a aquellos que nos esclavizan con sus mentiras.

No somos conscientes de lo que hacemos, porque ya nacemos en esta ilusión, pero algo en el interior de cada uno de nosotros, quiere vivir libre.

Invertir nuestro tiempo para ser más libres

Podemos seguir siendo gatos domésticos, podemos seguir anhelando nuestra libertad y disfrutar de meses de falsa libertad, viajando, consumiendo, divirtiéndonos con ocio, para escapar de nosotros, de nuestra libertad verdadera.

La libertad hay que ganársela, eso comporta disciplinarnos a nosotros mismos en cuerpo y mente, invertir el tiempo en nuestros objetivos, haciendo cosas que la mayoría no quiere hacer, para justamente vivir, como la mayoría desea hacerlo. Esto es muy importante que lo tengas en cuenta. La forma en la que inviertas tu tiempo, cómo y con quien te relaciones, determinará en quien te puedas convertir y a donde puedas llegar en tu vida.

Ese es el camino

No hay atajos, la voluntad se alimenta día a día, merece la pena vivir una vida completa, plena, libre de ataduras, de programas, libre de malestares, convertirnos en nuestros propios líderes, viajar sin pensar en el retorno, trabajar amando lo que hacemos.

¿No es esa la vida que realmente todos queremos?

Encontrar la libertad, empieza por encontrarnos a nosotros mismos. Hay que poner voluntad en indagar en nuestras entrañas y profundizar en los mecanismos de control que hemos estado alimentando inconscientemente, por ahí se empieza, por la familia, la sociedad, identificar las creencias y transformarlas.

Existen muchas películas que muestran este proceso de reconocimiento de la estructura de control y el camino hacia la liberación, en todas, siempre hay un personaje que comienza cuestionándose su vida y los mecanismos de la sociedad, sufre una crisis de transformación que lo lleva a vivir a contracorriente de todo el mundo, es tildado de loco y rechazado, pero consigue trascender a toda esa gente que únicamente busca mantenerlo en una situación de confort que lo está matando.

Así es, inconscientemente la gente se convierte en cómplice de su esclavitud, y cuando alguien empieza a ser más consciente e inicia el camino hacia su crecimiento personal, es bastante probable que sea cuestionado, que sufra burlas y ataques tanto de conocidos como de desconocidos. El camino hacia la libertad tiene ese precio, desapegarse de todo aquello que impide que seamos nosotros mismos, creencias, objetos, trabajos, personas, es un tránsito duro, pero a medida que lo recorres, tomas consciencia de que hay otras personas como tú, y eso te motiva a seguir, porque sabes que no hay mayor felicidad en este mundo, que ser quien eres, sin miedo al rechazo.

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