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¿Sabes qué es el amor verdadero? Porque no es lo mismo amar que estar enamorado.

Te lo voy a explicar. El enamoramiento es una etapa transitoria y muy común en la adolescencia, además que necesaria, para romper el nudo simbólico incestuoso que tenemos con nuestros padres, cuando nacemos, nuestros arquetipos femeninos y masculinos se corresponden con lo primero que conocemos.

Nuestros padres son la primera pareja arquetípica que entra en nuestras vidas, formamos pareja con ellos y además los usamos como referentes para nuestras futuras relaciones, en nuestra primera etapa como infantes, estamos unidos a nuestros padres a nivel emocional, idealizando sus figuras, exaltándolos, creando con ellos una perspectiva inconsciente de aspectos que queremos que tengan nuestras futuras parejas, por contratos inconscientes con el clan, en la adolescencia, en plena búsqueda de nuestra propia identidad, tenemos esa necesidad de establecer un vínculo emocional diferente, normalmente, con otras personas para cortar con ese vínculo infantil con los papás.

El enamoramiento pues, se gesta funcionando con esa revolución hormonal y psicológica propia de los adolescentes, y no es un amor real, está amparado en la dependencia, la influenciabilidad y la demanda de atención, pues, psicológicamente, estamos realizando una transición se busca un respaldo de algo ajeno a la familia para consolidar nuestra independencia emocional fuera del nido.

Lo que es una etapa común y natural, que tuviera que ser transitoria como parte de la propia maduración del ser humano, la sociedad a través de la manipulación de los medios, lo ha convertido en un estado idealizado de lo que es el amor, dicha concepción fomenta relaciones idealizadas, amparadas en la dependencia, y la adquisición de unos roles tanto por parte masculina como femenina que no se corresponden con la verdadera naturaleza de los individuos.

El enamoramiento y la dependencia se fomenta en el cine y la literatura

Este constructo, lamentablemente, es el que alimentan en la sociedad como el amor más pasional y puro, el dependiente, el obsesivo y controlador, cuando es lo más tóxico y destructivo que podemos tener, no obstante, interesa socialmente, ya que no se pueden gestar relaciones de pareja sanas amparadas en el enamoramiento, y es crucial que las parejas no sean armónicas, ya que, hay todo un negocio que envuelve las relaciones, y es preciso debilitar psicológicamente a hombre y mujer para que cedan a demandar en vez de dar.

Así, las estructuras emocionales hoy día están más lastradas por el concepto de enamoramiento. Lo vemos todos los días en televisión, con personas que se comportan en base a como les pagan para que lo hagan, las corporaciones que manejan la moda, tergiversan las psicologías de los consumidores, para que imiten a sus cantantes, actores, famosos favoritos, en sus comportamientos y relaciones, así se crea una sociedad de consumo idiotizada y desconectada de su verdadera esencia. A través de la lectura y el consumo de películas, también se fomentan roles de comportamiento de hombre y mujer, han hecho mucho daño con el cine romántico, construyendo una imagen de la mujer que sea dependiente emocional del hombre, que no tenga más sueños que el de sentirse amada y respaldada por alguien, y al hombre, convirtiéndolo en un ser duro, entregado, capaz de sacrificarlo todo con tal de complacer a la mujer que ama, perdiendo así cualquier tipo de interés hacia su propio desarrollo personal. Tanto hombre como mujer, en las películas, suelen retratarlos como seres altamente dependientes, con un nivel de narcisismo e inseguridad tremendos, encubiertos por una imagen superficial cuidada, pero incapaces de sobrellevar una vida por sí mismos y cultivar sus propias inquietudes, esta es la imagen que se suele vender en las relaciones, un tipo de comunicación entre sexos, que es altamente tóxica.

Buscan construír una imagen cosificada de ambos sexos, por un lado, la mujer, casi siempre vulnerable a los encantos del hombre, con pocas inquietudes interiores y con inclinaciones superficiales, el hombre, con una decantación hacia su propia oscuridad interior, distante, con algún que otro trauma sin resolver. Se proyecta ese deseo en la mujer de que es capaz de transformar al hombre «malo», en un hombre «bueno», que la complazca y la proteja. Este tipo de ideas se inculcan en las mentes de los niños y niñas provocando que luego, establezcan relaciones tóxicas y codependientes con sus primeras relaciones, luego, en dichas relaciones ni siquieran son ellos mismos, ya que imitan los comportamientos irreales con los que han sido bombardeados en la infancia, teniendo de esta forma a ambos sexos preocupados en agradar, en complacer, en estar a la altura de las circunstancias, sin conocerse a sí mismos, viviendo una relación falsa, bajo presión.

Lamentablemente, este tipo de comportamientos seguirán prolongándose en la edad adulta, provocando que tanto hombre como mujer, puedan tener una mente adulta, pero emocionalmente se hayan quedado enquistados en relaciones codependientes, sin dar el salto a una relación consciente sana y equilibrada.

Mientras estemos en una postura infantilizada de exigir al otro, de idealizar a la persona que tenemos por pareja, estaremos viviendo para satisfacer nuestras carencias, nuestros egos, buscando convertir a la pareja en nuestro títere, comportamientos narcisistas, ajenos a construír algo auténtico, destructivos. Amparados en el vacío, y la usurpación del espacio individual de la otra persona para suplir nuestra propia insatisfacción, algo común en los psicópatas.

Las exigencias entre una persona y otra, la superficialidad, el tener que mantener una máscara constantemente para satisfacer al otro, también inciden progresivamente en una pérdida de nuestra propia energía, ya que pasamos más tiempo siendo un personaje, que nosotros mismos, en resumen, somos infieles a lo que somos realmente, lo cual, al final, comporta que las personas se cansen y busquen aventuras amorosas con otras personas, en un anhelo de encontrar pasión o amor, que en realidad es más destrucción, ya que la premisa es la misma, el rechazo a uno mismo y buscar de forma infantil que nos presten atención.

La pornografía destruye las relaciones

No puedo pasar por alto hablarte de los efectos nocivos que tiene la pornografía en la constitución de las relaciones sexuales sanas. La pornografía consumida con frecuencia genera dependencia, debido a que el organismo, la mente, se habitua cada vez a unos impulsos de excitación, lamentablemente, con la exposición continuada, al igual que ocurre con otras drogas, el consumidor de pornografía cada vez necesita algo más fuerte para excitarse, y por otro lado, termina replicando en las relaciones sexuales con sus parejas, lo mismo que le excitaba en el porno, provocando que sus relaciones se conviertan en una masturbación entre cuerpos, en vez de una comunicación íntima con la otra persona.

Aparte de la propia manipulación sistemática que sufrimos en los medios de «comunicación», hay que tener en cuenta las propias influencias inconscientes con las que crecemos en la familia.

Ingeniería social para destruír el amor

Esta es mi opinión, tú puedes pensar como quieras, pero para mí, estas nuevas etiquetas que se están estableciendo en las relaciones, lo único que hacen es favorecer un tipo de conductas y comportamientos que tienen de todo menos de amor. Como siempre, se fomentan una serie de creencias y hábitos que no nos favorezcan a nosotros como seres humanos, sino que perpetuen lo que al sistema le interesa perpetuar. Si ya es complicado establecer una relación entre dos personas, conocerse en profundidad y cultivar el amor, imagina otro tipo de relaciones, arrastrando los programas sociales y familiares que he mencionado anteriormente.  A mi parecer, la sociedad otra vez, esta etiquetando y normalizando comportamientos tóxicos dependientes, que en realidad encubren carencias afectivas y trastornos emocionales y psicológicos en los individuos.

Lamentablemente, también se vive en una época donde parece que si opinas de forma contraria a la oficial, eres tildado de radical o persona intolerante, se esta desplazando el sentido común, el uso de la lógica, por la aceptación de conceptos y comportamientos, que tienen cualquier cosa, menos lógica y naturalidad emocional sana.

En mi opinión, antes de establecer etiquetas comportamentales, habría que profundizar en los árboles familiares de las personas y ver qué patrones están repitiendo. Ya que la mayoría de personas no viven según lo que son, sino según sus programas inconscientes.

El etiquetarnos y designarnos como algo en concreto, muchas veces puede ser una forma de huír de un problema que no hayamos resuelto, lo que a largo plazo, puede generar más dificultades que soluciones.

¿Qué puede demandar alguien enamorad@?

Pues bien, solemos proyectar en el otro lo que tenemos de forma aquetípica en el nido familiar. si hemos vivido con un padre bonachón y una madre muy condescendiente, buscaremos esos rasgos en la persona de la que nos enamoremos, también se puede dar el caso de que el nudo incestuoso familiar sea muy fuerte y no queramos «substituír los arquetipos» y busquemos todo lo contrario.

Si nos hemos criado en un entorno familiar hostil, con padres abusadores, familias disfuncionales por divorcio, separación, infidelidad, abuso sexual o psicológico, podemos buscar inconscientemente recrear este tipo de relaciones en las parejas con las que establezcamos un vínculo, en este caso con claros anclajes masoquistas, de dominación o sumisión, buscando la familiaridad en el trato. Todo esto, viene dado por los programas de clan familiar que repetimos inconscientemente y que nos llevan a alejarnos de nuestra esencia verdadera.

En el caso de personas con padres ausentes o adoptados, o huérfanos, la tónica será buscar personas distantes que no pueden construír una pareja con nosotros, algo que se puede dilatar más a posteriori, también podemos caer en comportamientos destructivos, de rechazo hacia nosotros mismos y también de rechazo hacia los demás, para seguir manteniendo la creencia asentada por la familia de que no somos merecedores de atención por parte de nadie.

En conclusión, cuando nacemos, somos condicionados por cómo vivimos las relaciones en nuestra familia, también somos programados por los contenidos que consumimos, en la televisión, cine y lectura, también por el entorno y personas con quienes nos relacionamos. Si no se establece una buena conexión con nuestra naturaleza y cedemos a todas estas manipulaciones, vivimos en un estado infantilizado, reclamando atención, manipulando, inmaduros, siempre a merced de lo exterior, viviendo en la falta de amor propio y usando a los demás para llenar nuestro vacío existencial.

¿Qué es el amor real?

El amor real nace cuando se trasciende el enamoramiento, que como he dicho, es pueril e infantilizado, el amor real adulto, emerge cuando la persona esta desarrollada en sus centros mental, emocional, físico y sexual y entra en disposición a crear un proyecto de vida con otra persona, desde todos sus centros, se comunican, construyen juntos y respetan la propia individualidad del otro, sin invadir el espacio de cada uno, crean un espacio en común y lo nutren día a día.

Es fundamental en pareja unida, tener proyectos en común, pues con esas finalidades, se avanza.

Entrar en pareja, es entrar en terapia, tiene que haber un respeto y un afán por el crecimiento, escucha, y evidentemente, se puede tener romanticismo, pero no empañado bajo formas de dominio ni dependencia, sino siempre enfocado a hacer brillar al otro, y no bajo demandas, sino desde la pulsión natural de cada uno, aceptando lo que es, y permitiéndose ser desde su naturaleza. Nada que agregar, nada que quitar.

Así que ya sabéis, si vivís una relación de dependencia, o toxicidad en pareja, es hora de sentarse y hablar y poner solución, si no hay solución, mejor cortar por lo sano.

Si vivís en una situación de amor real, felicidades, cultivadla y seguid adelante, es lo más bonito que podeís tener en la vida. Las relaciones de amor real además, no tienen porque darse únicamente estando en pareja, se pueden construír relaciones de amor real con amistades, animales, familiares, parejas, en todo aquello donde haya un respeto y una entrega enfocada a que la otra parte crezca, que hayan intereses en común en construír, que haya una alegría por el progreso de la vida de quienes nos importan, hay amor real.

Es fundamental que descartemos todas las influencias tóxicas que impiden que seamos lo que somos, cegándonos a vivir en una situación de escasez interior, buscando siempre llenar nuestro vacío con lo exterior, lo superficial.

Soy Valiant Leib, y Hay que Avanzar.

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