Superar a la muerte. Esa gran desconocida, es quizás, uno de los mayores temores existentes en la existencia humana. ¿Qué habrá después?¿Hay un después? ¿Hubo un antes? ¿Qué es morir? Personalmente tengo mi propio concepto sobre lo que es la muerte, y dista mucho del significado que se le suele asociar. Quizás se deba a que ya desde mi infancia, he tenido acercamientos con eso que llaman muerte y me ha llevado a un proceso de interiorización que ha generado que no la tema, ni tampoco me preocupe. 

La primera experiencia intensa que tuve, fué con 5 años de edad. Mi madre solía ir conmigo a la bodega del Diego, allí comprabamos enseres para comer, una tarde, al acompañarla al establecimiento, reparé en una bolsa de snacks que estaba abierta y tirada en el suelo de la bodega, asocié la bolsa al placer que me producía comer esos ganchitos, así que la cogí y me llevé a la boca el contenido de la misma.

Al cabo de unos pocos segundos, comencé a tener dificultades para respirar, estaba perdiendo el conocimiento, mi madre y la señora Catalina, propietaria de la bodega, comenzaron a abofetearme para mantenerme consciente, me sentí desvanecer, entré en un portal dimensional enorme, plagado de luces de todos los colores, no podía percibir mi cuerpo, pero sentía que se estaba desplazando en vehículo hacia algún lugar, me estaban transportando en taxi al hospital, me había intoxicado con veneno para hórmigas, recuerdo desdoblarme, mientras mi conciencia se estaba fundiendo con la multidimensionalidad, los médicos estaban entubándome para extraerme el veneno, a medida que drenaban mi organismo, paulatinamente, fuí sintiéndome más integrado con el cuerpo físico, hasta sentir un tubo dentro de mi garganta.

Pero después de aquello, la estructura de mi mente, la comprensión que tenía del mundo y la realidad, cambió totalmente, algo se despertó dentro de mí y permaneció latente de forma permanente.

Por ponerte un ejemplo, cada vez que tenía fiebre, sufría alucinaciones muy fuertes, o la percepción de los sentidos se me veía totalmente alterada, hasta el punto de sentir el tejido blando como algo duro, y el suelo, sentirlo blando, o las cosas que eran unidimensionales, las veía y tocaba a un nivel tridimensional, también escuchaba sonidos, voces, o se proyectaban personas desconocidas en segundos a mi lado. Mis padres llegaron a normalizar mis estados febriles, hasta el punto de no inmutarse cuando les decía que había visto  a un negro saxofonista tocando música en el sofá de la salita.

O bien cuando iba a visitarlos a su cuarto, a comentarles que las naves espaciales de mi pijama se habían salido del tejido y las podía tocar.

Eso era lo usual, aquella intoxicación, desarrolló estructuras de mi mente y mi organismo que estimularon la experimentación de la realidad a un nivel más profundo. Entonces, comencé a percatarme que la mayoría de seres humanos, no estaban conectados a un nivel esencial con ellos, yo no sabía concretar exactamente lo que estaba sintiendo en las personas, pero sí que era algo que me generaba una sensación de no encajar, de vivir en un plano de realidad diferente al de ellos, los sentía desconectados de algo importante, también percibía que ellos, desde alguna parte profunda de su ser, percibían en mí algo distinto a ellos, aunque no supieran concretarlo, lo notaban.

La segunda experiencia cercana a «la muerte», fué un accidente de coche que tuvimos, ibamos por la autovía, mi madre conducía con mi padre al lado, mi hermano y yo ibamos atrás, mi madre, al girar para cambiar de carril, se encontró con un camión que iba a toda velocidad hacia ella, así que, por puro instinto, pisó el acelerador para no colisionar y terminamos atravesando unas vallas, el coche se precipitó varios metros hacia abajo hasta que un conjunto de matorrales frenó el impacto, allí también sentí la muerte cerca. Años después, entre los trabajos que desempeñé para pagarme la formación actoral, estuve una temporada trabajando como barrendero en una población pequeña en la que viví con mi familia.

El alcalde, solía encargarnos limpiarlo todo, lo cual incluía, como brigada municipal, limpiar el cementerio, así, a veces, me encontraba sacando ataudes de agujeros y lanzando los restos a una fosa común, donde se acumulaban ramos de flores,huesos, postales,restos de cientos de ataudes, era un montículo enorme, de varios metros de altura, calcinado, los colores que se podían apreciar en ese amasijo, pertenecían a aquellas partes de los cadáveres y objetos que no se habían consumido del todo por el fuego.

Cuando habíamos lanzado todo lo que ya sobraba, rociábamos con gasolina todo y le prendiamos fuego. Aquello me llevó a la comprensión de ese extraño ritual humano de conservar trozos de carne en recipientes, del simbolismo del duelo, de esa necesidad de ubicar en un lugar el recuerdo del ser amado, aunque allí de esa persona no quedará nada, ya que, lo que insuflaba identidad a esos cuerpos, ya no estaba allí, también, de lo efímero de ese teatro, de como se le asignaba un valor a algo mientras tenía una durabilidad económica, y como eso también expiraba en el instante en que había una caducidad, me parecía absurdo, a mi parecer, la mejor retroalimentación con los cuerpos humanos, es devolverlos a la madre naturaleza, y dejar que aporten lo que tengan que aportar al mundo y sus organismos, la concepción del cementerio, impedía al ser humano, conectar con el amor universal de la transformación constante.

Mi interacción en ese cementerio me llevó tiempo después a visitar muchos cementerios de España y Europa, incluso en algunos me quedé a dormir, realmente, los cementerios y las ciudades son muy similares, ambas son estructuras formadas por cemento, con gente ubicada en espacios rectangulares, apilonados los unos con los otros, la diferencia es,que en el cementerio hay más paz y vida, en las ciudades se respira más la muerte, porqué la gente huye de sí misma.

Una noche, volviendo de una fiesta de cumpleaños, mis amigos me dejaron en la parada del autobús para volver a mi casa, llovía, era de madrugada, y faltaban unas horas todavía para que el autobús apareciera por allí, pero yo no tenía prisa, siempre me gustó disfrutar del silencio de la noche, la soledad, reflexionar, así que estaba conmigo mismo, al cabo de unos minutos, cuando cesó la lluvia, por la carretera, apareció un hombre caminando de forma irregular, vestido con pantalones y chaqueta de cuero, una camisa blanca desabrochada, el pelo corto y canoso, avanzaba hacia donde yo me encontraba hasta sentarse a escasos centímetros de mí.

El hombre empezó a chapurrear palabras ininteligibles, estaba muy drogado, luego estalló con ira y empezó a sacar bolsas de cocaína y dinero que desparramaba por toda la parada, al cabo de unos segundos, sacó una pistola de su chaqueta y me dijo que iba a matar a una gente, en ese momento, cuando sacó el arma, el tiempo empezó a ralentizarse, mi corazón se aceleró, el hombre me miraba cabreado y me dijo que fuera a llamar a un taxi, me dió muchas monedas y yo, fuí a la cabina más cercana que había allí, y llamé a la policía, me saltó el contestador, les dejé un mensaje y volví a la parada, sin haber llamado a ningún taxi, por los nervios, lo olvidé completamente, si estas pensando porqué volví a aquella parada, fué debido a que pensé que si me iba corriendo, el podría abrir fuego, o herir a más personas, así que no lo consideré una buena opción.

A medida que las horas pasaban, establecí una conversación monotemática con aquel hombre, hablamos largo y tendido sobre piedras, las que se movían y las que no, la gente empezó a llegar a la parada, yo les hacía señales discretamente de que el hombre tenía un pistola y la gente marchaba rápidamente, al final, el hombre se dispuso en la carretera con un fajo de billetes en la mano, y un coche se detuvo y lo recogió, allí lo perdí de vista, al cabo de unos minutos, el autobús vino, me subí en él, cuando llegué a casa, me harté a llorar, al día siguiente, me sentí más vivo que nunca, esa experiencia también definió rasgos de mi carácter, para bien y para mal.

En una época de mi vida oscura, para salir de mi depresión, un amigo me recomendó que lo acompañará al pabellón de niños con cáncer de un hospital en el que él llevaba tiempo trabajando como voluntario, la experiencia fué sumamente sanadora para mí, así que mi amigo me enchufó con él, cada semana, acudía 2 veces a animar a los niños, y a los primos de los niños también,porqué al final, se juntaban niños de todas clases, allí acusé algo grave, la mayoría de niños que estaban allí enfermos, no eran atendidos por sus padres, había una falta de atención por parte de sus familiares, también, si nos empezábamos a divertir mucho con los niños por los pasillos o en la sala de juegos, nos solían llamar la atención.

Para mí se hizo palpable que esos niños estaban enfermando por un condicionante familiar, había una toxicidad que estaba afectándoles, hubo uno, llamado Esteban, con el que conecté mucho, le encantaba que le hiciera muñecos de plastelina, de superhéroes, le gustaba mucho spiderman y batman, a mí también, una tarde,al llegar al hospital, Esteban no estaba, había fallecido, sus padres me entregaron un dibujo que me había hecho de Batman, me quebré, toqué un punto de profundidad en mí que se unió a las otras heridas que arrastraba.

Eso terminó provocando que escribiera un guión que se convirtió en la primera película que rodé como protagonista, se llamó Dual, y fué una forma de extrapolar muchos de los procesos dolorosos que estaba viviendo en ese momento, me sentí morir absolutamente, también leí el Libro Tibetano de la vida y la muerte, por recomendación de mi amigo. Así, comprendí la muerte como una transformación transpersonal, donde el personaje se diluye por un proceso de formateo y comienzas una nueva reconfiguración para trascender la versión antigua y convertirte en alguien distinto.

A lo largo de mi vida, viviría muchos procesos de muerte de este tipo.

Estas son algunas experiencias que he tenido, te las narro porqué son las primeras que me han venido a la mente, ya sea por el momento en el que las viví, me generaron algún tipo de impronta emocional, pero, al margen de esto, y relativo al concepto de muerte,desde mi conocimiento y experiencia, para mí, la muerte no es más que un fin de ciclo e inicio de otro, somos conciencia expresándose, algo mayor que nosotros, nos está soñando, y a la vez, nosotros estamos retroalimentando a lo que nos sueña. Para mí, honestamente, no hay mayor muerte, que vivir sin ser fieles a lo que somos, porqué si no somos coherentes, nos convertimos en ataudes de carne ocupando cementerios. 

 

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