Entre ángeles y demonios. Cuando empecé con el tema de la actuación, quería ser un áctor famoso, tenía el ego hinchado como una catedral, era narcisista, manipulador, depredador, muy carismático, me interesaba por la gente superficialmente, únicamente viendo el beneficio que podrían reportarme, sin un interés real en las personas. Un verdadero gilipollas neurótico, jajaja.

Se manifestaron todos los programas familiares de mis padres, quería ser apreciado, querido, atendido, quería que me valoraran por mi talento, me mataba a estudiar, era muy disciplinado, necesitaba destacar, tenía también una enorme agresividad que se canalizaba con muchísima energía.

Cada día se colapsaban tres mundos en mi vida, el del trabajo que estuviera desempeñando, el de la escuela y el de la familia.

Cada mundo con un nivel de conciencia totalmente distinto, en el fondo de mi ser, seguía estando ese niño sensible, creativo, pero mis demonios me estaban comiendo, hasta que exploté y me marché a Madrid con 20 años.

Cuando me fuí a Madrid por primera vez a buscarme la vida como áctor, trabajé de RRPP en una discoteca llamada Revolver, ubicada en Gran Vía, cuando Gran Vía tenía bares y tabernas por todas partes, y Madrid respiraba a relaciones humanas y no a consumo desmedido.

Solía combinar mi trabajo por las noches con muchos castings por las mañanas y tardes, era una época donde se hacían muchas convocatorias. Habían personas muy majas que se me acercaban interesadas por mí, yo tomaba distancias enseguida, porqué mi objetivo era triunfar como áctor, no hacía otra cosa, mi nivel de presión y exigencia era altísimo.

El señor Yang, mi maestro de Wing Chun espontáneo, me solía dar consejos sobre mis demonios, pero por entonces, muchas cosas que me decía, no tenían el sentido necesario para mí, tenía que experimentarlas por mí mismo primero.

Mi jefe, propietario de la sala, cuanto terminábamos de trabajar, me llevaba a mí y mis compañeros a todas las zonas Vip de la mayoria de discotecas importantes de Madrid, allí ví de todo, también me dí cuenta, en toda esa putrefacción, de que yo no era eso, recuerdo volver al piso muy trastocado, sintiéndome sucio, eso fué el primer paso para mi proceso de purga.

Cuando empecé a rodar cosas como áctor, publicidad, series, teatro, me dí cuenta del mundo narcisista, superficial, de las rivalidades, las mierdas, y empecé a sentir un enorme vacío.

A mí me gustaba actuar, crear, pero todo lo demás, todo ese mundo lleno de neuróticos, no me gustaba lo más mínimo, empecé a ver más allá, y empecé a sentirme muy mal. Algo no cuadraba.

Ahí empecé a cambiar, comencé a descartar todo lo que no fuera realmente afín a mí, así me dediqué a hacer proyectos más alejados de la industria, cortometrajes de fantasía, largometrajes de bajo presupuesto, de gente que realmente amaba lo que hacía, me alejé de las agencias, me alejé de todo eso.

Me tiré una semana entera acostado en la cama, sin apenas comer, dejando ir lo que se tuviera que ir. En esa semana, mi compañero de piso y habitación, estaba viendo unos videos de un viejo loco que hablaba sobre patrones familiares, un tal Jodorowsky.

Algo en sus palabras me resonó, así que me fuí a la libreria y me compré varios libros de él.

También me compré el tarot de marsella.

Y empecé a profundizar en mí de verdad.

Profundizar en uno, comporta saltar al abismo de ti mismo, meditaba horas cada día, en total oscuridad, empecé a darme cuenta de muchas cosas, viendo que pese a que no estaba en el nido familiar, los programas inconscientes seguían estando presentes en mis decisiones.

Buscaba la atención de mis padres en la fama.

¿Qué es lo que realmente me llenaba?¿Crear, expresar? ¿Quien era yo? ¿Qué vicíos tenía?¿Qué virtudes tenía?¿Cuales eran mis miedos?

Me daba miedo amar y ser amado. Lloré mucho, mucho.

Tiré mi ropa, mi calzado, mis chaquetas, tiré todo con lo que ya no me identificaba. Algo que ya se ha convertido en un ritual para mí, lo hago siempre que cambio, me desprendo de todo, como una serpiente mudando de piel.

En ese punto, me llamaron para un casting, para un obra de teatro de Euripides, para hacer de Hipólito, me pareció muy interesante, me preparé a fondo la prueba y me cogieron.

Trabajaba en un teatro de Gran Vía y la obra iba muy bien, el equipo de gente majísimo, los compañeros de reparto también, todo el mundo vibraba de forma sana.

Todo eso se truncó cuando mi padre me llamó diciéndome que tenía que dejar todo porqué operaban a mi madre de los ovarios, ahí entonces, accedí, lo dejé todo, fuí allí, y me sumergí en la oscuridad otra vez.

Trabajaba por las tardes vendiendo seguros y ensayaba una obra de teatro infantil, volvia a vestir como lo hacia antes, elegante pero dark, en la oficina se pensaban que era diplomático, durante ese tiempo, escribí el guión de Dual, volcando todo lo que tenía dentro.

Un amigo, me propuso que lo acompañará al hospital, que él trabajaba de voluntario atendiendo niños con cáncer, fuí con él, me encantó, estar en contacto con esos niños, me conectó a mi niño, y empecé de voluntario unos días a la semana.

Trabajando con los niños, empecé a volver a sanarme de toda la basura de la familia. Establecí un vínculo muy fuerte con un niño llamado Esteban, era parecido a mí de niño, un día al ir al hospital, Esteban ya no estaba, había muerto. Eso me rompió en pedazos, mi madre ya se estaba recuperando y coincidió en que mi amigo Bertolt, director, me propuso rodar un proyecto en Bilbao sobre Ángeles y demonios, yo haría de Lucifer, le dije que sí, y me marché a Bilbao.

Aventuras en el País Vasco.

Cuando conocí a Bertolt en la escuela de cine, nos dijimos que cuando surgiera la opción, teniamos que hacer algo juntos.

Así, él marchó a San Javier y yo me quedé por Barcelona, al cabo de un año, me pasó un guión que trataba sobre Lucifer, batallas entre ángeles, con un contexto crítico con la sociedad. Me gustó, le dije que había que hacerlo.

Ese guión tenía el nombre de “Nunca Olvides tu Pasado”

Un nombre épico, había que hacerlo bien, contactamos con un chico experto en efectos especiales de maquillaje de Bilbao, nos desplazamos allí, nos enseñó lo que hacia, todo muy profesional, muy bonito, decidimos rodar el proyecto por aquellas tierras, motivados por el talento de este chico. Eramos muy jóvenes y muy locos, así que decidimos que yo me iba a ir allí 2 meses antes a entrenar con un especialista en stunts amigo del técnico en fx, preparar bien el personaje y ir agrupando el equipo de producción. Bertolt se quedaría en San Javier para acumular más dinero para el rodaje.

Al especialista en stunts lo conocimos previamente, un tipo delgado, alto, con un habla peculiar, debido a una operación de mandíbula que le hicieron. En cuanto llegará con el bus a Bilbao, él me acompañaría al hostal donde me hospedaria por ese tiempo. En cuanto llegué, sobre las 4 de la madrugada, le pregunté por los taxis, me dijo que ibamos a ir andando por las cuestas, que ahí empezaba mi entrenamiento. Lo dijo con un tono plano, carente de emoción, me asusté, y efectivamente, subimos al hostal por las malditas cuestas.

Al llegar, con el mismo tono monocorde, me dijo que iba a picarme a las 7 de la mañana, yo le dije que eran las 4:30 de la madrugada, se río y marchó.

Al cabo de unas horas, volvía a estar allí, con su mirada pérdida, y yo, empecé a preocuparme.

Habían pasado un par de semanas desde que aterricé en Bilbao para empezar a prepararme el personaje de Lucifer, había podido constatar que mi entrenador personal estaba como una cabra, yo llamaba a Bertolt Salvago de vez en cuando para transmitirle mi preocupación sobre este individuo, Bertolt me decía que estaba exagerando.

Era la única persona que conocía allí, aparte del técnico de efectos especiales. Mi vida allí se basaba en entrenar horas y horas, estudiar, entrenar.

Encontré un centro de estudios angelicales cerca del centro de Bilbao, allí me compré varios libros sobre el tema y también me asesoraba con la dependienta que era muy versada en la materia.

Pese a los métodos poco ortodoxos de mi entrenador, mi naturaleza masoquista, de querer ir siempre al límite de todo, me empujaba a soportar aquella situación, lo ví como una oportunidad para poder crecer más.

En el hostal donde vivía, estaba prohibido cocinar, por temas antiterroristas, tenía un armario de mi habitación, lleno de comida envasada, latas, mueslis, fruta, de todo, parecía un almacen preparado para un apocalipsis.

Hubo un día que fuí con el entrenador a correr a la montaña, me dijo que hiciera el pino sobre una madera, eso hice, a los pocos segundos me ato las piernas a la madera y se marchó. Estuve cerca de una hora realizando abdominales en esa posición para que no me diera un colapso cerebral.

Este entrenador tenía conocimientos de artes marciales, pero tenía una personalidad muy excéntrica, se pasaba horas hablando de guerras a lo largo de la historia con ese tono de voz plano, yo aplicaba lo que me decía desde mi propia base marcial. Lo cual no quitaba, mi inquietud. Aparte, cuanto más me esforzaba y resistía, más endurecía el entrenamiento, algo también muy habitual en mi vida.

Por todo lo que sufrí en el pasado, de desvalorización, de negarme cosas, había desarrollado mucho el orgullo, orgullo de guerrero de poder con todo, de cabezón, de no necesitar ayuda, de salir adelante, se me sumó lo que arrastraba y me blindé emocionalmente.

Encontré un centro de excursionismo y me apunté para hacer escapadas los fines de semana. Saliamos en un autobus grupal, con gente muy variopinta, médicos, cirujanos, carpinteros, psicólogos, artistas, estudiantes, nos recorríamos zonas naturales del país vasco preciosas, hizo que me enamorará de todos aquellos paisajes y también fué una forma de desconectar del entrenador y la rutina infernal diaria.

Volví a llamar a Bertolt, seguía sin aparecer, quería quedarse un poco más en Murcia para hacer más dinero para el proyecto.

Viendo la situación, decidí empezar a reclutar al equipo de producción yo mismo, acompañado de mi entrenador y el técnico de efectos especiales, fuímos contactando con gente mientras también buscábamos localizaciones para rodar.

Empezamos a obtener permisos del ayuntamiento para rodar en sitios muy bonitos y ya no me sentía solo, había un grupo de gente con pasión que estaba dispuesta a salir adelante con el proyecto.

Estaba duchándome, había terminado el entrenamiento con el loco de mi entrenador y me disponía a comer, un olor a quemado, a plástico chamuscado, se metió por mis fosas nasales, fuí corriendo a la cocina, estaba una de mis pizzas fundiéndose en el horno microondas, con la funda puesta, fuí a mi habitación y allí estaba, mi entrenador, sentado en el borde de la cama, comiéndose mis mueslys, su espalda estaba curvada, al verlo en esa posición, mis ganas de partirle la cara se redujeron, parecía cohibido por algo. Me senté a su lado y le pregunté que le pasaba. Me dijo que tenía que contarme algo, el hombre, se puso muy serio y me dijo, que solo tenía un testiculo, que nació con otro atrofiado, el hecho de que me dijera todo eso, con su voz monocorde, la boca llena de cereales, no ayudaba a que pudiera tomármelo en serio, así que me contuve la risa, también me dijo que había estado muy solo en la vida y que era una persona con la que se sentía comprendido, qué curiosa la vida, que siempre termino de psicólogo me preguntaba. Le dí unas palmaditas en la espalda de apoyo, se puso a llorar y se marchó, yo me quedé sin pizza para comer. Al cabo de unas horas se puso a llover, como era habitual allí y yo marché a por Bertolt, que llegaba ese día por la tarde.

El autobus se detuvo en la estación, acababa de llegar Bertolt, el director, yo lo esperaba acompañado de mi entrenador y el técnico de efectos especiales.

Subimos hasta el hostal, esta vez en taxi, allí nos acomodamos en una habitación muy grande con tres camas. La mujer propietaria del hostal era encantadora y nos dejó la habitación más grande del hostal, sabiendo a lo que nos dedicabamos.

Esa misma noche, nos reunimos con todo el equipo de rodaje del proyecto, que estuvieramos todos juntos al fin, me tranquilizaba, al menos psicológicamente, gente con pasión, con amor por el cine, pintaba bien.

Por la mañana nos acercamos a un centro llamado Bilbo Arte, donde el técnico de fx había construído unas montañas de maqueta, para recrear una pelea en las montañas celestiales que se iba a rodar con chroma, maquillaje prostético y matte painting. Una pasada.

Las localizaciones también pintaban muy bien, y el casting del reparto estaba practicamente cerrado.

Unos días más tarde apareció la actriz protagonista, una chica cordobesa muy guapa y dulce, con una memoria prodigiosa, se estudiaba cada día no sólo el guión del proyecto, sino 6 guiones más de otros proyectos que estaba realizando en Madrid.

Su actitud espontánea, libre, impactaba contra mis corazas, que empezaban a tambalearse con su comportamiento, pero hice el mayor esfuerzo en seguir teniendo la armadura puesta.

Así fueron transcurriendo los días, con ensayos, rodajes, entrenamientos, aprendizaje de manejo de armas para el proyecto y esta chica iba y venía, con cada ida y cada vuelta, mi armadura estaba más descolocada.

Una tarde, paseando con ella bordeando la ría de Bilbao, fuímos al Guggenheim, allí, no sé que artista de vanguardia tecnológico japonés, había montado un cubo holográfico a las afueras del museo, tú te metías en el cubo, y dentro habían hologramas que se movían, proyectados en formas acolchadas de color negro, yo me acerqué a un círculo rojo que se movía en espiral en una bola negra, empecé a tocar la bola, escuché una risa, era la tripa de un señor. Después de aquello, salimos al exterior, se puso a llover mucho, yo me quite la chaqueta y la cubrí, ella tenía sus apuntes de diálogos mojados, se reía, entonces, se salió de debajo de la chaqueta, se quitó los zapatos y se puso a bailar con la lluvia, y me dijo que le encantaba mojarse, porqué se llenaba de vida.

En esos momentos, mi armadura ya se había roto a pedazos.

Ascendiamos la cima de Aitxuri si no recuerdo mal , estaba con mis compañeros excursionistas, todo el terreno estaba nevado, hacía mucho frío, eramos 20 personas caminando en hileras, unidos todos por cuerdas, soplaba mucho aire y era complicado caminar sin que los ojos se convirtieran en bolas de cristal ahumado.

Una de nuestras compañeras vió algo que se movía por su pierna y resbaló, empezó a rodar cuesta abajo, arrastrando con ella a otros compañeros, fué una reacción en cadena, de repente estaba observando a varias personas rodando por una cuesta a cámara lenta, quedábamos los de la parte de atrás, en cuestión de segundos estábamos siendo arrastrados hacia la pendiente también, unos compañeros y yo, logramos agarrarnos a unos árboles y empezar a traccionar al resto de compañeros. Fué un susto que se quedó en la anécdota que te cuento ahora. Un momento de presente lúcido, después de eso, creo que todos respirábamos mejor y disfrutábamos aún más del paisaje.

Ese día vino una chica que no había venido hasta ahora, muy esotérica, me pasé la totalidad del trayecto hablando con ella de proyecciones astrales, extraterrestres, combustión espontánea, psicorragia, etc… Para sorpresa de algunos de los compañeros, que eran ingenieros y médicos que se movían en terrenos, digamos, más terrenales.

Cuando volvimos a Bilbao, acompañé a esta chica a su casa, seguiamos hablando, yo a la chica la veía interesada en mí, pero ahí quedo todo, yo tenía mi armadura descolocada por la cordobesa, y cuando alguien me toca emocionalmente, soy como el planeta tierra girando alrededor del sol.

Eso lo pudo comprobar el pobre Bertolt Salvago, al que le solía bombardear todos los días con mis dudas emocionales en torno a esta chica. Bertolt es quizás, uno de los mejores cronistas de parte de mi agitada vida. Ha vivido muchas cosas conmigo y podría escribir varios libros sobre nuestras aventuras. Retomando la narración principal, lo que me pasaba es, que se me estaba mezclando la ficción de los rodajes con la realidad y yo me estaba metiendo demasiado en el personaje, con lo cual, la división entre lo que sentía y lo ficticio, era muy complicado de discernir en ese ámbito de tanta adrenalina y horas y horas de convivencia y trabajo en equipo. Había permanecido demasiado tiempo aislado, con mi entrenador, sin contacto afectivo, el contacto con la actriz cordobesa, era un bálsamo para mí, un lugar donde parece que mi niño interior se empezaba a asustar, ya que el pobre, llevaba unos viajes de traumas considerables y le daba pánico esa vulnerabilidad.

Pero tampoco había mucho tiempo para romanticismos y sensibilidades, el rodaje estaba siendo muy frenético y llevábamos días sin parar, escenas de coreografias, ensayos en localizaciones, pruebas de vestuario, maquillaje, una locura, todos los rodajes son así, todos los rodajes de verdad son así. Guerras.

Una tarde fuí con Bertolt por un barrio conflictivo de Bilbao, ibamos cargadísimos de material, Bertolt con la cámara que usábamos y yo con varios focos.

De repente, de una puerta salieron varias prostitutas, transexuales enormes, y conjuntamente los chulos de esta gente, querían robarnos.

Pese al agotamiento, Bertolt y yo corríamos como si nos fuera la vida en ello, no lograron alcanzarnos.

Esa noche, quedamos con el productor y nos fuímos por bares de Bilbao. En ese momento, que ibamos los 3 muy borrachos, me puse a grabar un video muy profundo y oscuro sobre mí mismo, ante la mirada estupefacta de mis amigos.

Creo que ese video lo conserva Bertolt. Podiamos permitirnos relajarnos de vez en cuando, todo iba bien, en un día y medio, ibamos a rodar una secuencia importante para el proyecto, en una montaña, por tema de localización, distancia y gasto de gasolina, uno de los asistentes de producción decidió cambiar de localización, yo no estuve muy de acuerdo con ese cambio, ya que el sitio donde ibamos a rodar, pese a estar más lejos, era muy bonito, pero lo aceptamos.

No sabiamos lo que esa decisión iba a suponer para todos.

Estábamos rodando una escena de lucha con chroma, mi compañero y yo ibamos caracterizados de ángeles, con poca ropa, túnicas blancas, heridas, yo con toda la cara maquillada con prostéticos, luchábamos con espadas metálicas, marcando bien los movimientos, todo bien coreografiado, sin riesgos, en una defensa, la espada de mi compañero se desprendió de su mango y la punta, penetró en la parte superior de mi pie izquierdo, sentí el metal frío abriéndose paso en mi carne, fué doloroso, pero aquí uno es masoquista, así que usamos mi dolor para la escena. Me hicieron un vendaje más fuerte y continuamos luchando, al terminar todo el día, la gente aplaudió. Yo tenía el pie como una albóndiga. Fuímos al hostal.

Allí, en contra de mi voluntad, me tuve que acostar, la actriz cordobesa estuvo muy pendiente de mí. Pese a que me costaba mucho pedir ayuda, debido a que me crié con un padre absolutamente impositivo, que fomentó en mí un orgullo de autosuficiencia constante, que aquella chica, aquella bonita mujer, estuviera pendiente de mí, hizo que bajará la guardia.

Bertolt dormía agotado por el rodaje a varios metros de nosotros. Yo estaba en mi cama, y la actriz, había acercado su cama a la mía para vigilarme, yo tenía fiebre, al día siguiente teniamos que rodar una escena importante en la montaña.

Empezamos a hablar en susurros, aquella mujer se iba acercando cada vez más a mí, me miraba fijamente. Hasta que al final entre susurros, me besó. Me dijo que llevaba semanas sintiendo cosas por mí, yo estaba con fiebre, agotado, no le dije nada, ella quería ir a más y yo le dije que necesitaba descansar. Se abrazó a mí y dormimos. Tuve pesadillas esa noche.

A la mañana siguiente, mi pie estaba recuperado, me dolía, pero había remitido toda la inflamación, cogimos todo el material y nos desplazamos a la montaña, a rodar una escena de lucha con varios efectos especiales que sólo se podían realizar una vez, ya que había destrozo de ropa, protesis de cuerpo entero y cosas complejas.

Fuímos allí, me dió un apretón, fuí con mi traje negro con capa a plantar un pino observando el horizonte, el mar, era un bonito paisaje, después, nos pusimos manos a la obra, el lugar era agradable a la vista , pero la vegetación de la zona en la que rodábamos estaba como maltrecha, oxidada, no fuí el único que se dió cuenta de esto. Grabamos todo, durante horas, Bertolt bajó con el productor a ver todo el material en el combo. Algo no iba bien, cuando trataban de reproducir lo grabado, no había nada, todo se veía azul. Subieron preocupados, Bertolt me lo contó a mí, pero querían esperar a estar en Bilbao para volverlo a revisar todo.

Cuando llegamos a Bilbao, y empezamos a reproducir el material de las cintas, se había borrado el 85%. Al parecer, la zona en la que fuimos a grabar, tenía dispositivos de barrido electromagnético para desactivar bombas etarras, esos barridos, habían afectado al material de la película, el proyecto había quedado practicamente destruído.

Bertolt quedó en shock, postrado con las dos espadas, una funda de plástico cubría todo su cuerpo, sentado, mirando al infinito, permanecía sentado en el comedor del productor, a oscuras, le tratábamos de hablar, no respondía, yo me despedí de la actriz cordobesa, que volvía a Madrid, y me quedé a bailar en hogueras, cantar en euskera y emborracharme con todo el equipo hasta las tantas de la madrugada.

Cuando el productor y yo volvimos a su casa, Bertolt seguía en el comedor, en la misma posición. Recogí sus maletas y las mías, y nos fuimos desplazando a la estación de autobuses de Bilbao para volver a nuestras respectivas casas, Bertolt caminaba por la calle con la funda de plástico y arrastraba las dos espadas, había perdido la cabeza totalmente.

En susurros me dijo:

“Yo he perdido todo, y tú, has ganado todo, experiencias, amigos, alguien que te quiere. ¿Y yo?”

Yo le dije:

“Has ganado sabiduría, lo mejor que puedes ganar”

Bertolt no respondía.

Nos despedimos con un fuerte abrazo y yo me dirigí a Madrid.

Allí empecé otra vez con mis castings, empecé a salir con la actriz cordobesa, pero todo lo que había pasado en Bilbao, toda aquella magia, no estaba, había sido producto de la situación, ella sí que me quería, yo a ella no, le dije que quería centrarme en actuar, se lo tomó muy a mal, a veces me la encontraba en castings y me lanzaba dardos envenenados con la mirada.

Igualmente, pasado todo, yo me sentía muy bien, había sido una experiencia tremendamente catártica para mí. A Bertolt lo dí por perdido, cuando hablaba con él siempre me decía que tiraba la toalla, yo trataba de animarlo. Entonces recordé aquel guión de largometraje que empecé a escribir en Barcelona. Y dije, ¿Y si hago esto?.

Empecé a formar un equipo de gente en Madrid, el guión le interesó a una productora, un amigo director, con experiencia en televisión y cine de terror lo iba a hacer, y aquello empezó a crecer. Creció tanto, que el director se asustó, y abandonó el proyecto, y se cayó todo el equipo detrás.

Pasaron los meses, me reuní con Bertolt en Sitges, estaba recuperado, habia conocido gente en San Javier con sus mismas motivaciones, le hablé de lo que me había pasado con mi proyecto de largometraje y se ofreció a ayudarme.

Así que nos pusimos manos a la obra a llevar a cabo nuestro primero largometraje.

Pero esa es otra historia.

 

(Votos: 0 Promedio: 0)
Share This