Enfrentando al verdadero virus.

Vivimos unos supuestos tiempos de crisis, cuando en realidad, siempre han habido crisis a nivel global, lo que ocurre en la actualidad, es que, el primer mundo, lo que vienen a ser las potencias mundiales “más desarrolladas” en términos económicos, industriales, capitalistas, se han visto afectadas por el efecto de un “virus” que empezó en China y ha ido extendiéndose por todas partes, derivando en que, muchas personas salgan de la zona de confort de lo predecible, de la rutina diaria, se han visto sacudidas de sus rutinas programadas. ¿Verdad?

Ese impacto ha generado que la población que estuviera arraigada a “la normalidad” se vea desprovista de esa falsa sensación de seguridad, la realidad de la incertidumbre golpea nuestras vidas, esa realidad que otras regiones y países afectados por las guerras, epidemias como el Ébola, la malaria, el colera, desnutrición, llevan años viviendo, esa realidad que viven en las fabelas brasileñas, en los campos de refugiados de Bangladesh, Grecia, esa realidad que golpeó en Haití con el terremoto, en Australia con el enorme incendio, esa realidad que viven tantos bosques que han sido devastados por las manos del hombre, afectando a millones de animales, plantas y otros seres vivos, por ponerte ejemplos recientes, pero no es la única realidad, si somos abiertos, podremos reconocer que el cambio es algo que forma parte de lo natural, es algo aplicable a nivel multiversal, todo se transforma, y para que la energía se transforme, tiene que ser inducida.

Los animales que viven en la naturaleza más salvaje, cada día se enfrentan a la vida y la muerte, para poder alimentarse, para protegerse, para cobijarse. Confrontan toda clase de dificultades para salir adelante, en un mundo lleno de adversidades. Frente a esas adversidades, los animales conectan con su conocimiento ancestral, ese que no se adquiere en universidades, ese que está conectando profundamente en sus propias almas, y evolucionan.

Fruto de esa necesidad evolutiva. Las arañas aprendieron a tejer telarañas para capturar sus presas, los depredadores desarrollaron pelajes que los mimetizaban con el entorno, los roedores se hicieron más pequeños para poder protegerse mejor y ser más rápidos, las abejas aprendieron a construír sus panales para estructurar su sistema de vida, las hormigas conformaron sus hormigueros bajo tierra.

Las orugas desarrollaron un proceso de transformación para convertirse en mariposas, todo ser vivo expuesto a la verdadera realidad, aquella conformada por la armonía de todo lo existente en un entorno conectado con los ritmos del multiverso, transforma sus herramientas para evolucionar, ese proceso de conocimiento, desarrollado a través de la experiencia, se transmite generación tras generación, quedando impreso en las especies, la incertidumbre del presente, hizo a todos esos seres vivos, transformarse y avanzar.

Se podría narrar el declive de nuestra especie en forma de cuento:

“Erase una vez, la humanidad, hubo un tiempo, que el ser humano, vivió en armonía con la naturaleza, desarrollada, confrontando las fuerzas de la naturaleza, sincronizada con los ritmos del sol y de la luna, venerando lo vivo, viviendo en cooperación con la unidad. Las primeras élites, estructuradas con la unión de diversas familias que decidieron fortalecerse, establecieron unos parámetros claros para evitar que sus congéneres continuaran evolucionando.

Con la irrupción y el establecimiento de la religión, aquellas poblaciones humanas aventureras, nómadas, se fueron asentando para la construcción de los templos de culto, de esa forma, se empezaron a establecer de forma sedentaria en regiones, la veneración de objetos de culto religiosos, fué el primer paso para desplazar al ser humano de la conexión consigo mismo, y encauzarlo hacia el materialismo, dar poder a lo exterior, no al interior en consonancia con la naturaleza, desvincularlo de su poder divino.

La expansión del culto religioso fué derivando en el asentamiento de más y más territorios por el mundo. El desarrollo de la cultura de la ganadería, el cultivo, fué dándose en la medida en que las propias élites desarrollaron un sistema que les permitiera gozar del mayor tiempo posible para sí mismos y no tenerlo que invertir en su alimentación, recolectado y cazando, encauzando a las masas humanas, a estar cada vez más ocupadas, y haciéndoles creer que todo ese sistema, estaba diseñado para su propio bienestar, se desarrollaron sistemas de pagos de impuestos a cambio de protección, en primera instancia a través del trueque, luego más adelante, con el acuñamiento de las primeras monedas se crearon los bancos para desarrollar el control de los impuestos, los intereses, y seguir generando esclavitud a través de la deuda.

Se estableció la progresiva industrialización, la creación de necesidades y acumulación de objetos, y así paulatinamente, la humanidad, que antaño había sido evolutiva, creativa, poco a poco, se fué oxidando, poco a poco, se fué habituando a vivir en ese entorno de simulación, cediendo su libertad a transformarse y avanzar, por una protección, un cuidado, a cambio de su propia libertad.

Y pasaron las décadas, y el sistema se fué haciendo más sofisticado, y los cultos, se fueron diversificando, los dioses se multiplicaron, la ciencia se convirtió en adoctrinamiento, la medicina se prostituyó por las farmacéuticas, se erradicó la verdadera espiritualidad conectada con la naturaleza, por una espiritualidad simple, superficial, los negocios enfocados a la explotación del tiempo humano y las materias primas del planeta se transformaron en guerras, y paulatinamente, hicieron que el hombre y la mujer, cada vez, estuvieran más confundidos, más pérdidos, más cabreados, más tristes, enfermos, más desconectados de su verdadera naturaleza.

La humanidad, lastrada por su inconsciencia, necesitaba apaciguar su sufrimiento a través del ocio, las drogas, las relaciones cosificadas, el sexo sin amor, los viajes sin sentido, la humanidad, estaba huyendo de sí misma, cediendo su tiempo a su explotación energética, mientras que las élites de antaño, habían cedido su sistema, a sus descendientes, que seguían repitiendo las mismas tradiciones, los mismos esquemas, una y otra vez, y la humanidad, generación tras generación, seguía repitiendo todo, una y otra vez.

Así, si querían aprobar nuevas leyes, creaban guerras, fabricaban enemigos, si querían explotar recursos de algún territorio, fabricaban epidemias, si querían condicionar a los hombres y las mujeres, inventaban tragedias entre sexos, y así, constantemente, construían problemas, para que las masas reaccionaran, y luego ellos ofrecían la solución, un mecanismo tan sencillo, y que pasaba tan desapercibido para las masas, que estaban tan desconectadas de su verdadera naturaleza, que habían perdido el instinto de vivir en la incertidumbre, habían sido absorvidas por la ilusión del confort, el Samsara de los tibetanos budistas, el maya de los aztecas. “

La realidad es que estamos expuestos a infinidad de fuerzas, de cosas, situaciones, energías, que ni siquiera podemos imaginarnos, porqué nos hemos acostumbrado a vivir en un estado de conciencia infantilizado, con un sistema desarrollado por estructuras monárquicas, políticas, gubernamentales, sostenidas por las fuerzas religiosas, bancarias, corporativistas, que persiguen nuestra desconexión de nuestros centros elementales: mente, emoción, cuerpo, sexo.

Buscan que no nos amemos, pues cuanto menos nos amemos, más huíremos, más buscaremos llenar nuestro vacío con actividades insulsas, más nos envenenaremos.

Para mí la respuesta es evidente, han convertido en la propia humanidad en un virus para nosotros mismos, ya que hasta las personas más ancladas al sistema lo defenderian con sus vidas.

Siempre van a haber crisis creadas por los intereses de ellos. Siempre, de nosotros depende a qué le queremos dar poder. A sus ilusiones, o a nosotros.

La inconsciencia es nuestro mayor enemigo, un programa creado por las élites, transmitido generación tras generación por nuestras familias, alimentando por las escuelas, las televisiones, la religión, está en cada rama del sistema, y para ser libres, justamente, tenemos que aprender a observar ese programa en nosotros, cambiarlo y transformarnos, desprendernos de las máscaras que nos han ido inculcando, dejar de repetir patrones, dejar de repetir tradiciones, dejar de repetir, empezar a ser, empezar a conectar con la incertidumbre.

Hoy estamos aquí, mañana no lo sabemos. ¿Qué harás hoy para ser quien eres?¿Qué harás hoy para conectar con tu verdadera esencia?

Ámate, para empezar. El amor propio, lo cambia todo, amar te da la capacidad de discernir lo que vibra con tu naturaleza y lo que no. Amar te dará fuerza para decir que no. Amar te dará fuerza para decir que sí. Te permitirá exponer tu vulnerabilidad, caminar aunque tengas miedo, apoyar y cooperar. Porqué te tendrás a ti, y si te tienes a ti, podrás dar y recibir de los demás.

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