Arte para sanar. A mí, el arte me ha salvado la vida, desde mi niñez, el desarrollo de diferentes disciplinas artísticas, como el dibujo, la escritura, la poesía, la escultura, la actuación, el doblaje, las artes marciales, expandieron mi universo interior y me dieron un cobijo para poder resguardar mi esencia frente a los conflictos que asolaban la cotidianidad del día a día, situaciones que muchas veces, de no ser por ese profundo mundo que desarrollé, me podrían haber conducido a la autodestrucción, el arte tiene la capacidad de conectarnos con nuestra excelencia, puede repararnos, puede potenciarnos, curarnos de dolencias y patologías .

Sin ir más lejos, no estaría escribiéndote estas líneas ahora mismo si en mi infancia, no hubiera empezado a ejercitar mis manos con el modelado de la plastilina, nací con un problema de motricidad en ambas manos, tenía dificultades para abrirlas y cerrarlas, el médico, recomendó a mis padres que las ejercitará, mi padre, que desde pequeño había sido muy ducho con la plastilina, me empezó a enseñar a formar figuras con ella, primero construíamos robots básicos, formados por cubos, perros, o soldados, con la practica, comencé a desarrollar toda clase de cosas, seres, objetos, lugares, de todo, ese hiper desarrollo no pasó desapercibido para mis maestros de la escuela, que sugirieron a mis padres que me apuntará a algún sitio donde poder ejercitar ese talento.

Podía pasar horas y horas en casa modelando, de hecho, es uno de mis juguetes favoritos, con la plastilina no tenía límites, si me gustaba algún personaje de alguna serie, libro, o cómic, lo modelaba y jugaba con él. También aprendí con la plastilina lo efímero de la creación, durante una época, me dió por modelar mis personajes favoritos, los hacía con todo lujo de detalles y colores, ajustados al máximo a su forma original, cada vez que terminaba uno, lo disponía con orgullo en un tablero de parchis que empleaba como mesa de exposiciones.

Una tarde, me encontré a mi hermano pequeño sosteniendo esa tabla de parchis, me miró fijamente y gritó: ¡Este es el último castigo!, lanzó el tablero de parchis por los aires, todas mis figuras se desperdigaron por el suelo, destrozadas, yo me quedé en shock, había mucho tiempo y amor invertido en cada figura, pero ese acto a priori realizado con un afán de dañarme de alguna manera, me iluminó, comprendí que el destino del arte, más allá de la consecución de la obra, era la expresión del ser, y que una vez manifestada esa expresión, la obra podía cambiar, desde aquello, nunca más concebí la realización de figuras estáticas, constantemente las transformaba, había dado con el concepto del mandala, cuando terminaba algo, me desapegaba de ello, a veces creaba cosas complejas y las destruía nada más finalizar, con el consiguiente shock de las personas que estuvieran contemplándome, yo lo normalicé, y ese desapego sigue hasta el día de hoy. 

El arte para mí, es de las cosas más placenteras y hermosas que hay, la sensación que establezco cuando creo, es similar a las relaciones sexuales fundamentadas en el amor, no lo llaman procrear por casualidad, hay un sentido artístico, creador, implícito en el acto sexual. Mismamente, cuando entramos en contacto con la creación, a través de alguna herramienta, se genera ese intercambio, el dibujo también me suscitaba una enorme paz, la escritura, a día de hoy, es un bálsamo, la poesía te permite expandir tu conciencia, ampliando la percepción de la realidad y tu sensibilidad, y las artes marciales, son un pilar fuerte que me ayudó a centrarme en un camino de disciplina y centrar mi mente, mi emoción, mi cuerpo y mi energía.

El teatro, me llevó a profundizar en mis máscaras, en expandirme más allá de los límites establecidos por la familia y la sociedad, experimentarme más allá de mi propia autoconcepción, una de mis maestras, Pepa fluviá, decía, que un áctor tiene que estar plenamente sano para poder actuar, no le falta razón.

Cuando yo comencé, era un manojo de tensiones, mi sensibilidad absorvía mucho del exterior, me había centrado en fortalecerme, sin ser consciente de las cargas que mi cuerpo a un nivel externo estaba somatizando por mi personaje social, a medida que comencé a soltarme, a permitirme experimentarme desde otros niveles, las tensiones fueron desapareciendo, y a su vez, comencé a ser consciente de las máscaras que cargaban mis familiares y amistades, que estaban afectando a su desenvolvimiento en su día a día, yo no podía hacer nada por ellos, simplemente tenía que continuar mi camino de transformación, la danza contemporánea, el conocimiento del cuerpo, fueron importantes para mí, desde las clases con Montse Prats, al trabajo de técnica Alexander con Xavier Ortiz, profesionales que os recomiendo encarecidamente por su buen hacer y disposición a que tomes conciencia y te desarrolles. 

Tenemos que considerar que nuestra especie, es esencialmente creativa, somos capaces de tomar algo y transformarlo, convertirlo en algo totalmente diferente, y realizar múltiples combinaciones que resulten en algo hermoso, que nos puede inspirar hacia el crecimiento. 

Mismamente, ese potencial que todos atesoramos para expandirnos y sembrar belleza, cuando nos permitimos ser, esta sociedad, con sus normas y dictamenes, con sus directrices, el adoctrinamiento al que nos someten desde la infancia con la escolarización, y las posturas de complaciencia que adoptamos para encajar en la estructura familiar y social, acaban castrando nuestra creatividad, entonces, ese ser con un enorme potencial, acaba encerrado en una jaula, muy pequeña, para no destacar por encima de lo normalizado, para no defraudar, por miedo al rechazo, nos terminamos rechazando a nosotros mismos.

Entrar en el plano creativo, nos lleva hacia un camino de despojamiento de todas estas programaciones que te cito, ya que, entrar en contacto con nuestras capacidades creadoras, nos empuja hacia la conexión con el ser, y es un hábito, que a medida que lo ejercites, te lo irá pidiendo cada vez más todo tu organismo, a mí me ocurre, de la misma forma en que un hábito puede encadenarte y destruírte, podemos crear hábitos que nos lleven a nuestra liberación. Cuando yo paso días sin crear, comienzo a sentirme mal, incompleto, ansioso, mi energía no se distribuye adecuadamente, eso es porqué el ser esencial necesita expresarse, en mi caso, procuro expresarme a todos los niveles creativos, permito que la mente manifieste en palabras y pensamientos sus ilusiones respecto a la realidad, también la entreno en la paz, la emoción, le dejo que se exprese cantando, hablando, dialogando, escribiendo, el cuerpo, lo trabajo a través del ejercicio, la danza, las artes marciales, el sexo, proyecto mi energía creadora en todo lo que hago como si fuera un hijo, y en relación, me centro en crear con la otra persona, si hay una afinidad que lo permita.

Si adoptamos la vida como un lienzo donde poder crear, expresarnos, transformarnos, nuestra vida se tornará dichosa, es hora de que nos desprendamos de conceptos limitantes ilusorios, como el nombre y los apellidos, la nacionalidad, la cultura, los idiomas, las posesiones, nada de eso nos define realmente, el ser creador es indefinible, es pura expresión en expansión

Trata de percibirte sin límites, trata de percibir todo tu cuerpo expandiéndose, plantéate que disciplinas artísticas te atraen y comienza a desarrollarlas, escritura, música, danza, artes marciales, yoga, pintura, hay tantas cosas que uno puede hacer consigo mismo, y todas , si las practicas con pasión, te conducirán a un entendimiento más profundo de ti, y quien sabe, quizás, hasta encuentres la vocación de tu vida.

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